Dekaisone

La hermosa tarde, con rostro de otoño más que de invierno, ha ido sumiéndose en el descalzo crepúsculo dorado de la ciudad. En el asiento trasero va sentado el poeta con el verso atado a la melancolía de un sueño. Vamos hacia un lugar en busca de dormitorios de palomas, de sabanas vírgenes, de ceibas frondosas y cantos de sinsonte. Allá en la dulce melodía del destierro o el encierro donde esperan otros poetas.

El poeta es viejo muy viejo, llega al siglo y mas allá del siglo al milenio y más allá del milenio al selenio, pero tiene mirada de niño y sonríe con tanta puerilidad que me asusta encontrar al poeta en esta ciudad de delirios y ruinas. Las basuras en la esquina se han desbordado, un niño corre por la acera destrozada, una mujer se rasca la nariz en el umbral de una puerta y un hombre…

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